Recuerdos

La tenue luz amarilla de una pequeña lámpara se posaba con sutileza sobre una cara de gesto impasible que surgía de la oscuridad de la habitación. Un par de ojos, tan verdes como esmeraldas, observaban sin ver realmente los dos diminutos baúles de carne y hueso, tan llenos de vacío, que reposaban con inquietante placidez sobre un tapete que iba recibiendo un nuevo tinte de color escarlata, que levemente se tornaba marrón.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. No podía determinar con certeza si había sido resultado del gélido ambiente que se respiraba en la habitación… o si era quizá… sólo quizá, producto de un origen mucho más macabro, que ahora marcaba su mente con perversos pensamientos. Los cuerpos llevaban allí un buen tiempo, al menos lo suficiente para que la temperatura normal se despojara de ellos y ahora fuese el frío de la noche quien los llenase.

Su mente reproducía tantas imágenes en su cabeza que poco podía verlas con detalle. Sabía lo que había hecho; completamente seguro de lo que en aquella habitación había sucedido no era más que obra suya. Sin embargo, no lograba comprender qué lo había movido para cometer tal acto, aunque éste le llenase de una asquerosa adrenalina que hallaba terroríficamente… asombrosa.

El ruido de la calle hizo entonces eco en sus oídos, despertándole de su ensoñación. Se levantó sin afán del sillón, caminando con parsimonia hacia la ventana, donde el resplandor de la luna se filtraba entre las vaporosas cortinas.  Dirijo entonces su mirada a las calles de la ciudad, viendo pintorescos personajes transitar con total tranquilidad por las aceras del lugar, en su caminar se les veía que tenían la seguridad de que estaban y seguirían vivos. Les envidiaba tanto. Tan llenos de vida, transitando algunos despreocupados las avenidas de la ciudad, totalmente ignorantes de los secretos que se habían dado a cabo aquella velada.

Leves tintineos empezaron a sonar dentro de la casa. Un teléfono en la esquina de la habitación vibraba levemente sobre una mesita de madera.

Rayos, no debía ser tan pronto

Dejó el aparato sonar, su cara buscando el satélite terrestre que tanto le deleitaba observar. Allí estaba, la luna, en todo su esplendor, con esa belleza tan enigmática que aquel día se complementaba con un rojo sangre adornando su superficie, volviéndola más magnífica de lo que él ya creía que era. Esa noche la luna era de él, sólo para él.

El teléfono dejó de repicar cuando su cuerpo dio la vuelta y empezó a caminar, fuera de la habitación. Sus pasos eran precisos, casi mecánicos, como si se hallase en un trance que ahora le movía fuera de aquella casa a la que jamás podría volver.

Salió a la calle, confundiendo su apariencia entre las aún ajetreadas aceras y ruidosas avenidas de la jungla de concreto. Necesitaba desaparecer, para convertir aquella noche en una memoria que nunca alguien podría recordar…

Ni siquiera él.

Un no-tan-antiguo mini relato que apenas si llega a enorgullecerme.

Es curioso cómo, con el tiempo, si practicas y te empeñas en mejorar, notas lo muy torpes que solían ser tus primeros esfuerzos.

Y vieran cosas más antiguas, dioj mío, que les da un paro.

-Fernanda

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