Un ‘Te Amo’

Un ‘Te Amo’

Él le susurra un te amo, una llana sonrisa surcando sus labios. Un te amo falso, piensa  Ella, su corazón latiéndole con fuerza, sintiendo que con cada golpe se desquebraja un poco. Falso, lo cree falso, lo reconoce como falso.

Él la abraza y le besa el cuello. Uno a uno, cada te amo deja caer un pedazo de su corazón, vulnerable, frágil cual cristal.  No quiere creerle, no sabe si creerle, no acepta lo que en susurros dulces se acerca. ¿Le tiene confianza? No lo sabe. Ella no tiene idea, Él, diciéndole otro te amo mientras le abraza fuertemente. Será tonta, se dice. Pero… y si no lo es… ¿Entonces qué? Él esconde su cara entre los cabellos de Ella y ríe tontamente. A Ella se le ha formado un vacío en el estómago que crece, indetenible.

¿Cuánto tiempo? Días, semanas; incluso meses, ya casi un año. Escucha el corazón de Él latir acompasado, y el contraste con el suyo que le golpetea salvajemente el pecho. Le sacude el cuerpo, involuntariamente. Él cree que le ha causado cosquillas, y la risa tonta reaparece.

E… inadvertido, otro te amo  y un te quiero, te adoro tanto.

¿Qué, oh, qué creer?

Empieza a creer, a recapacitar, a aceptar… que el problema no radica en Él, sino en Ella.

Cae en cuenta, en un lecho de hojas secas y adormecido pasto, bajo un manto de titilantes estrellas. Él, abrazándole firmemente. Ella… siendo abrazada.

Ah, la corriente de frío llega a su cara como una cachetada. Se siente culpable. Quizás Él si la ama. Y es Ella la que intenta falsificar la verdad para no comprometerse. No comprometerse a quererlo… a amarlo… sólo para que luego no duela tanto.

Casi lastima amarte tanto. Él le susurra. Ella siente un espasmo recorrerle. Dolor. ¿Para que luego no duela tanto? Dolor Ella ya siente. Temor al compromiso de un dolor ya existente. Temor a un te amo  que sea forzado y no de repente. Temor a ya no estar ahí. No ahí, bajo el árbol de otoño y la estrellada noche. Sino ahí, donde, abrazados, pueden sentir el compás de cada uno. Temor a perder eso. Temor a que sus corazones dejen de palpitar acompañados…

Él le pregunta si está bien cuando le siente contener la respiración. Ella lo hace para no permitirse el absurdo llanto que se almacena, impasible, en el vacío de su estómago.

Él pasa su mano por el cabello de ella y le dice te amo mientras desenreda las hebras.

Miedo, tiene miedo. Pero, para ganar o para perder, primero ha de atreverse.

Ella voltea, levemente. Se ve, y a la luna, reflejadas en sus ojos. Y Él le sonríe.

Ella respira hondo… hondo, profundo. Y luego se atreve.

Para lo que siento yo por ti, un te amo no es tan fuerte. 

He de escribir más a menudo. La musa no vuelve si una no practica primero.

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