Fuera, Dentro

El sonido del timbre generó eco entre las paredes aledañas. Fuera, la oscuridad reclamaba poderío, inundando con tenebrosa y elegante bruma todo a su alrededor. Esperaba incansable, perseverando por un único objetivo. Dentro, Geraldine se escondió entre sus sábanas, envolviéndose, arrullándose mudamente. Permanecía en silencio, tiritando tanto por miedo como por frío, alerta a cualquier sonido que viajase hasta sus oídos. Se escuchó el estruendoso timbre por segunda vez. Ella casi pudo jurar, con sus ojos tan abiertos como platos, que la noche se había vuelto más oscura… más tenebrosa.

Fuera, esperaba sin molesta, no le incomodaba. Si Geraldine le abría o no la puerta era mucho menos que un inconveniente, un ínfimo detalle. Las circunstancias estaban relegadas a segundo plano; llegaría allí dentro, de una manera u otra.

Una ráfaga de viento golpeó contra la ventana que daba a la habitación de Geraldine. Ululó, como un fantasma, y el rumoreo se disipó con lentitud.  El frío disputaba reinado con la oscuridad. Los días otoñales sucumbían ante los inviernos venideros. Morían, caían las hojas, tambaleantes, silenciosas, creando bellas alfombras que serían remplazadas luego por largas estelas de nieve.

Geraldine tuvo que contener un quejido que por poco le delató. Deseó que fuese de día. Ah, cuanto  si lo quiso, pero el tiempo no respondería a sus plegarias. Se hallaba tan estático como ella se encontraba, tratando de reducir sus movimientos  a la más indispensable respiración. Esperó, ilusa, creyendo que se había ido, cuando el timbre resonó nuevamente, acompañado de tres golpes a la madera de la puerta.

Fuera, su oscuridad era incluso más pétrea que la de la noche misma. Dentro, Geraldine  se escondía entre sábanas esperando su partida. Aterrada, imaginaba  una monstruosa sonrisa en una cabeza sin cara. Su respiración, su acelerado palpitar, y el ulular del viento, los únicos sonidos que  sus  oídos alcanzaban a captar.  El tiempo le aprisionaba como una pesada manta imposible de apartar, los segundos incluso siendo una tortuosa eternidad. No había manera en que pudiese contar el tiempo, pues quizá lo haría muy rápido, o muy lento. Tuvo que limitarse a esperar… a rogar por la partida.

Todo tan quieto. Las hojas cesando su caída. El viento deteniendo sus soplidos. Todos dormidos, quietos, encantados.

Y sólo un ruido que le caló los huesos y le heló la sangre y le detuvo el corazón.

El sonido de una puerta abriéndose  con lentitud.

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Un pensamiento en “Fuera, Dentro

  1. morfredia dice:

    Muy emocionada de que lo hayas publicado.
    Como dije, Fuera, Dentro me causa una serie de sentimientos que me dejan extasiada. Durante el relato nos preparas para el momento final; sin embargo, mantienes ese hilo de cierta esperanza de que la puerta no se abra. Es emocionante la dirección. Lo que me encanta es que puedo leerlo en otra ocasión y en cada caso encontraré un significado diferente. Geraldine emulará nuevas sensaciones en mí.
    Adoré el viento, ese ulular escabroso y genuinamente formidable.
    Espero que hagas más entradas pronto. Ya estaba como ansiosa y desquiciada por leerte.

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