Archivos Mensuales: diciembre 2013

Disparidades 6

Dije que me retiraría de las disparidades por un tiempo.
Y así es. Sólo que, casualidades de la vida, encontré unas que aún no había publicado. Y nada, que me vi en la necesidad de hacerlo.

Disfruten, quizá me lleve un buen tiempo volver a publicar algo por estos lares. O tal vez no, quién sabe.
De estas diminutas disparidades, mis preferidas son la segunda y la cuarta. Vaya usted a saber por qué.

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•La psicología inversa es como la noción de rechazar o vetar algo para generar el deseo de romper  la negación. Entre más intento negar la naturaleza de mis sentimientos  por ti, más se me entierran en el corazón y me taladran la mente. Es curioso, porque el motivarme a intentar olvidarte a veces funciona, pero sólo para hacerme recordarte con más ímpetu  tiempo después. Procuro decir que es una tortura… porque a veces lo es… pero en realidad, para mí, es ésta una situación que me deleita. Me gusta pensarte, imaginarte cerca, mientras paseo mis dedos recreando tu ser. Cualquier lugar es perfecto para negarte y así pensarte con más anhelo. Para pensar, también, en la posibilidad de que tú  puedas retribuirme esto que experimento. Esto que tantos nombres tiene y que tan difícil es describirlo. Te imagino pensándome y escribiéndome, escribiéndonos. Sumergiéndonos en un universo de poéticas utopías con visos de realidad.

•Muchos les veían y les atacaba el tedio. En principio por lo absurdo que resultaba observarlos. Eran dos almas encontradas, unidas por intereses y opiniones en común. Compartían tantos pensamientos y tantas miradas colmadas por vívidas emociones, que era casi estúpido el que, permaneciendo tan cerca, no estuviesen juntos. ¿Cómo era posible que no se dieran cuenta de ese vínculo que poseían cuando todos los demás lo notaban en seguida? No era siquiera necesario el observarles por demasiado tiempo para descifrar lo que sus extasiados ojos ofrecían a los espectadores. Tan enfermizo. Ambos con sonrisas que trascendían sus rostros, irrumpiendo en el tiempo-espacio de donde quiera que se encontraran. ¡¿Por qué no se daban cuenta?! Era. Quizás, el temor a no ser correspondidos de la manera que anhelaban. Pero ¡por favor! Que alguien se digne a decirles que espíritus como los de ellos nacieron para encontrarse y unirse; si no para siempre, al menos hasta que les duren las sonrisas en los labios y el amor en las miradas.

•Yo sólo quiero pensar que, al menos de vez en cuando, no puedes sacarme de tu cabeza. Me quedo ahí, reacia a desaparecer, y tú tampoco te esmeras por echarme. Me quedo ahí, perenne, quizá como un leve susurro que se desliza por tu mente. Tal vez me escribes, o me dibujas, o me cantas, o simplemente me hablas. Personalmente, encerrándome por siempre en tu mente. Yo quiero  creer que sí me piensas y que los nervios te consumen cuando estoy cerca. O que intentas que desaparezca de tu cabeza, tanto como yo lo intento, y no puedes; no me puedes echar, porque quiero pensar que estoy instalada, y que aunque me niegues, tus ojos se mueren por verme y tus oídos se deleitan al escucharme, y a tu corazón se le escapa un latido cuando me tiene cerca, muy cerca a ti; deseando ambos… en silencio, que se pudiesen congelar esos instantes de alegría  inmensa, y que se guardaran, tan vivaces como cuando se vivieron, en lo más recóndito de nuestras mentes y corazones.

•Ser humano es para los fuertes de mente y de corazón. Algunos son sólo cáscaras con apariencia de hombre deambulando por las calles de esta ignominiosa sociedad contemporánea. Están vacíos porque van únicamente a la insensatez de la acción, a la absurda necesidad de lo rápido y el ahora. Ya casi nadie se permite el detenerse  –al menos por contados segundos– y sentir, experimentar… vivir y no sólo existir. Ahora todo es una mierda mediática en donde las personas se deleitan con inocuos comentarios y gustos esporádicos de gente que en la vida real no les dedicaría ni un ápice de su atención. Ahora, a los que se permiten ser vulnerables  se les ha tomado por ingenuos, como si experimentar sentimientos reales fuera una  debilidad  y no la esencia de lo que es ser un humano. Cuán detestable es saber que llegó la era de la robótica y la comunicación impersonal, en donde todos se conocen a través de la tecnología y las conexiones a  masas protuberantes, pero pocos han experimentado la calidez de un abrazo sincero ó la unión que permite una conversación profunda y deleitable. Es un asco, en realidad, ver cómo todos pretenden existir y, por temor al qué dirán, se niegan la posibilidad de ser.

Pensaba que tu imagen era eterna. Que el recuerdo de tu rostro alegre se quedaría por siempre en mi mente, como un tatuaje del que nunca podría deshacerme. Pero aquí estoy, dándome cuenta que más que adherido a mi piel eras un mensaje temporal, un fresco que, resquebrajado, ha empezado a perder su detalle. Aunque aún mantiene la esencia de su encanto. De lo que alguna vez le hizo bello y arrebató el aliento de un espectador ajeno. Así persistes en mi mente ahora, una mancha borrosa que me duele porque la estoy perdiendo. Sin embargo, la sensación placentera y cautivante de verte sonreír sigue ahí, silenciosa y latente, renuente a separarse de mí. ¿Qué tal si pierdo completamente la imagen de tu gesto? Y me queda un placer recóndito al que no puedo asociar una reproducción mental de mi cerebro. No será perder. Pero no será ganar, tampoco. Porque lo que queda es el vestigio de una felicidad pasada, sin la representación de la felicidad misma. Y es esta clase de recuerdos alegres y reconfortantes los que duelen más, porque muestran lo que se ha extraviado y no se recuperará jamás.

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Ah, feliz año adelantado.

-Fernanda.

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Vestigios

Un corto relato. Aún no estoy de vuelta, pero paso a paso, ya veremos. Lo que sí es que extrañaba sobremanera despojarme de escribir mis nimiedades románticas y poder reanudar historias que se acumulan en mi mente. Espero les guste.

Por cierto, el título es provisional, no estoy enteramente complacida con él, aunque no creo que pueda dar con otro más adecuado.

Incluso escribiendo hablo demasiado, qué cosas…   Sigue leyendo

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Disparidad 5

Algo corto, antes de traerles un relato que ya he terminado y debo transcribir. Por ahora me retiro del mercado del romance, hace demasiado daño. 

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Hoy por vez primera fui consciente de tu ausencia. Una verdadera, porque ya llevábamos muchísimo tiempo sin vernos y otro tanto sin escribirnos. Pero esta noche con tu ausencia me refiero a la idea de que tú ya no te paseas por los jardines de mi mente tan a menudo como  solías hacerlo. Antaño permanecías perenne  en mi consciente. Tu sonrisa todavía me hacía reír en vez de sacarme lágrimas amargas.  Aún en ese entonces podía recuperar el tacto de tus manos rozándome con disimulo, yo presta a tus acciones, deleitándome con tu compañía. Ahora mi subconsciente trata  de rescatar la imagen de tus adorables ojos observándome con cariño, pero mi consciente o demasiado distraído u ocupado o indiferente. Mi consciente ya no quiere tener tiempo para  pensar en ti. Y cada vez son más esporádicas tus visitas, y tus rasgos se desdibujan perdiéndose en mi memoria, condenados a ser más una sensación que un hecho concebido. ¿Qué pasó? El encanto no sobrevivió lo suficiente como para mantener nuestra unidad. Y cuánto que ansié tu compañía y te lloré en silencio por tenerte lejos; tú pavoneándote en lo recóndito de mi cerebro. Ahora das pasos torpes y callados, tu presencia apenas es un insulso eco en la lejanía. Y lo que carcome mi consciente en este preciso instante es darme cuenta que tu débil existencia no me está doliendo, que me estoy entregando a la idea de no pensarte ni anhelarte; que estoy permitiendo que el tiempo te vuelva una visión borrosa de la que quizá, muy inevitable y pronto, desaparecerá por completo.

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