Disparidad

Una sola que surgió sin ser llamada, pero tal vez a tiempo.

Y entre esta  timidez digo que… bien sé que no fue amor, ¿cómo podría? Pero si las casualidades hubiesen sido diferentes… tal vez, sólo tal vez, lo habría sido.

♦♦♦

♦ A veces empiezo a escribir sin saber con certeza lo que quiero plasmar sobre mis folios. En meses pasados, las palabras fluían rápidas y enamoradizas, encantadas por la idea de tenerte cerca, de llegar a ti y acariciarte entre versos y sílabas. Ahora simplemente  no estás, y el río que antes existía se ha transformado en un lago… plácido tal vez, pero inmóvil, casi muerto, como si ya no pudiesen acceder a él sentimientos de antaño que en su momento lo volvían caudaloso, exuberante; incluso en ocasiones furioso, tempestuoso, inagotable. Dolió tanto, en su momento, observar desde fuera y desde dentro cómo el lago se iba formando, matando poco a poco al río. Dolió tanto, saberte lejos, tanto que por un tiempo fueron mis ojos los que formaron riachuelos que afluían en las noches y madrugadas, desapareciendo en tardes y mañanas. Pero incluso esas corrientes saladas se agotaron después de minutos, horas, días, semanas. ¿Para qué iban a seguir? Ya apenas si tu recuerdo se animaba a quedarse a mi lado. Apenas si aparecías en voces, en recuerdos, en pequeñas partículas de otros rostros extraños. Ya ni la lluvia conmueve al lago, ya ni el estrés lo perturba, ya ni la soledad lo acongoja. Porque, aunque me rehúse a confirmarlo, creo que he decidido dejar de extrañarte. Mi todo te quiso y te añoró ya por tanto tiempo, se agotó y encogió en su tristeza de tal manera, que decidió decirse ya no más. ¿Para qué, en todo caso? No hay manera de que el alma soporte por tanto tiempo la lejanía que no es sólo lejanía sino también silencio. Un silencio que absorbió  hasta la más mínima intención de seguir luchando por algo que incluso en sueños era y es imposible. Pero no por eso he dejado de pensarte. Porque aún te pienso, a menudo te veo recorriendo los pasillos que se han vuelto callejones en mi mente, perdido, sin rumbo, porque no tienes qué más hacer allí que existir. Y perdóname que sea así, que la rudeza tinte levemente estas palabras que creía no podrían surgir, pero es que necesito sean así, necesito mantenerme firme en el propósito de sólo verte, de vez en cuando, preguntándome qué será de ti. Yo ya no quiero extrañarte, porque no lo justifica, no lo vale… añorar algo –alguien– que no va a volver. Y entonces las palabras se me vuelven a agotar, a desaparecer de mi mente, a volver a ser parte de aquel lago de donde tal vez no deberían haber salido.

♦♦♦

Y yo que creía que no estaba hecha para escribir disparidades.

Saliendo de finales, quizá pueda seguir subiendo cosas en un futuro relativamente cercano.

Hasta otra lectura, fantasmas de carne y hueso.

-Fernanda.

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