Disparidad 10

Qué tedio, esto del cariño. Qué tedio tener que vivir en una sociedad donde las relaciones son estallidos efímeros. Qué tedio saber que escribí estas disparidades porque tenía un motivo. Ahora ya no está ese motivo -no estás- y no me queda más repertorio romántico para  entregarles. No ahora, no pronto. Qué tedio el romance. Volveré a mis deliciosas psicopatías que revolotean en mi cabeza y tanto me encantan. Me despido de la cursilería y el desamor con estas disparidades. Tal vez  pueda en un futuro volver a ellas, con una mirada menos trágica. Quién sabe.

♦♦♦

♦En   ocasiones vienen a mí esos recuerdos de los momentos en que te observaba, añorándote, y en tu mirada encontraba una profunda tristeza. Pensabas tal vez que nadie se daría cuenta de cómo el dolor se proyectaba en tus ojos, con la cabeza gacha, las caídas comisuras de tus traviesos labios. Aún el sólo recordarlo me trae infinito sufrimiento, porque lo creas o no, ese vacío tuyo llegaba hasta mí y e drenaba de cualquier sentimiento que hubiese tenido surcando mi mente. No te quería ver triste, incluso si tus ojos están predispuestos a expresar una melancolía constante en todo tu ser. Yo creo que es eso lo que no me permite olvidarte, lo que me hace sentir que podría seguir amándote si estuvieras  tan solo un poco más cerca. Esa permanencia taciturna tuya que se escapaba entre las sonrisas y miradas pícaras. Y es ello lo que me aferra porque, por más que he intentado alejarme de ello, también soy así. Una nube de lluvia eterna, quizás unas veces en silencio, quizás unas veces invisible, pero siempre allí impasible,  esperando por los momentos en los cuales desatar esas tormentas de penas y tragedias. Parte de mi amor hacia ti nació de saberte cómplice de un dolor mental que nunca del todo desaparece. Por eso también permaneces en mí, Tu memoria creó mella en mis frágiles escudos y te has convertido en una esencia casi inalterable que me visita cuando la sensibilidad es anfitriona. Me dueles y sé, sin verme, que mis ojos adquieren esa mirada caída, triste y dolorosa que los tuyos tenían cuando otrora te observaba completo.

♦Tal vez ha llegado el momento de dejarte. No dejar de quererte, porque he descubierto  que por más que pasen los meses, sigues latente, a veces eres sólo un susurro, a veces un grito estremecedor. Pero creo que he de dejarte partir, como la idea que eres, como la esperanza que tuvo tu rostro y nombre todas estas noches, tardes y mañanas. La lejanía sólo hizo que se acentuara el dolor más que el cariño, y me digo hoy a mí misma que este sufrimiento no es merecido. Que vales como felicidad, no como pena, y es ya más que absurdo tratar que una planta marchita reciba el agua que por tanto tiempo estuve brindándole torpe e ilusamente. La venda he de quitarla de mis ojos con mis propias manos. Liberarlos de esta bruma que los ha nublado por incontables períodos de nostalgia y melancolía.

♦Mi clima está volviendo. Con lentitud, pasito a pasito las nubes vuelven a tornarse grises y retoman su llanto por los recuerdos de tiempos pasados. Entre ellas, mi humor se aplaca y procedo a esto, mi única manera de apaciguar los demonios que habitan en mí sin intención alguna de liberarme. Climas como estos me hacen querer tenerte cerca. Si no por mucho, al menos lo suficiente como para sentarnos  y confesarme. Tener la oportunidad de decirte te recuerdo, todavía te aprecio. No espero recibir nada a cambio. Ya no espero, pasé mucho tiempo haciéndolo, haciéndome daño con mi silencio y con tu ingenua indiferencia. Yo sólo quisiera hacértelo saber y librarme de esta carga que he sostenido por tanto tiempo y que me sigue reteniendo aunque  intente deshacerme de ella. Necesito cerrarte como el capítulo que eres, incluso sabiendo que recordaré cada una de tus páginas, de esos ínfimos detalles que por tan poco tiempo nos tuvieron cerca, brindándonos esa compañía que parecíamos necesitar en su momento.

 

♦♦♦

Ojalá pudiese despedirte por completo, pero la mente recuerda por algo. Todavía no sé por qué.

Felices lluvias, a mí me tienen encantada.

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