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Rouge III

Tercera entrega de Rouge. Curioso, tengo un desazón surcando mi pecho.

Thoughts

A veces es demasiado. Todo llega sin avisar y se abruma uno completo, sin más qué hacer que cerrar los ojos y esperar que todo pase. Pero nublar la vista y pretender que todo desaparezca no es más que una actitud ilusa que no sirve en absoluto. Porque en la mayoría de los casos, lo que sucede es inherente al ser, no a su entorno. Y se deja ahogar uno con los ojos fruncidos, por no luchar contra algo que habita dentro de sí mismo.

 

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Felices fiestas.

-Fernanda

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Rouge II

Un poquito de ambas pasiones para un domingo que amenaza con lluvia invisible.

 

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Bubbles

No me malentiendan. Nada disfruto tanto como mis momentos de soledad. Aislada voluntariamente en una burbuja de irrealidad, donde nada que no quiera puede alcanzarme. Protegida de cualquier daño o pena que me quiera acongojar. Pero ah, se aburre una en estos muros dóciles de conformidad. Se está cómoda, pero… ¿Se está feliz? Ataca el tedio a veces, y comienza a esperar uno que algo –o alguien– llegue y ayude a expandir las barreras flexibles que delimitan. Sabiendo que es uno quien debe dar el primer paso para ampliar esos horizontes donde el alma se siente tranquila, no sólo conforme.

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Domingos que no parecen domingos porque se está en vacaciones. El doble de tedio.
Disfruten, fantasmas.

-Fernanda

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Luces Amarillas

Noches, fantasmas.
Hoy con dos cositas que surgen de pasear por las calles en la noche. Ilustración rápida incluida, espero sea de su agrado.
Me disculpo por cualquier error gramatical o de redacción, el tedio no me permite revisar de nuevo estos textos nocturnos.
A leer, pues.

LucesAmarillas

♦♦♦

Me cautivan // Con su silencio me ensordecen // Me pierdo en sus obras callejeras // Y veo gente // ¿Son ésas máscaras impregnadas de amarillos naranjados? // ¿Son desnudos desprevenidos por los tintes dorados? // Son fantasmas, almas en pena sobre una tierra fría pero morena // Y trastornan // Y desenfrenan // Y enamoran // ¿Son ellas luces o son ellas mundos? // Estrellas confinadas en cárceles de acero sobre junglas de concreto // Que me cogen y me estrujan // Me acunan // Me acongojan // Me consuelan // Me destrozan // Alegran y entristecen, paradojas inconscientes, vigilantes latentes // Testigos de la risa y de la pena // ¿Cuándo han presenciado? // ¿Cuántas almas unificado? // ¿Cuántos cuerpos despellejado?? // Y las observo, y ellos me observan, observándolas // Y ellos juzgan, porque no entienden // ¿Pero entenderán ellas? // En un acuerdo tácito de silenciosa paz que me envuelve entera // Tal vez si bajo ellas vivo, también bajo ellas muera.

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Cambia la ciudad, lo he notado. Como si se abriese una puerta a una tierra desconocida en donde las cosas se tintan de cálidos y los seres se tornan volátiles, efímeros, extraños. Voy por las calles, observándolos, viendo cómo unos se pierden en los contrastes del cielo y otros, salvajes, se pierden en curvas de carne y hueso. Aprovechan que el mundo ha transmutado, decorándose, convirtiéndose en un espectáculo de luces que el sol de la mañana no puede acunar. Una realidad que desnudan faros y lámparas callejeras, acostumbrados al trajín apocalíptico de aquellos que vigilan. Son testigos de actos de vida y muerte. Espectadores que maquillan las escenas de orden y de caos. Y lo disfrutan. Se embelesan con las dinámicas que sus luces invocan. Como si el azul profundo y sus amarillas voces encontraran en oídos desprevenidos marionetas para manejar a voluntad. Van los amantes, van los rateros. Las putas, los obreros. Cobijados por una estela de energía amarilla que los drena y carga al mismo tiempo. Y mientras los observo (y las observo también a ellas, embelesado por su belleza etérea), se crea en mí un interrogante que me abarca completo. ¿Son máscaras? Porque los humanos cambian, los he visto, convirtiéndose en monstruos ávidos por trago y muerte y sexo. ¿O son ellos realidades? Que se esconden en la mañana porque las sombras que habitan el día no son lo suficientemente densas para ocultarles. Es demasiada la luz que los deslumbra; aturdiéndolos, y no están dispuestos a desnudarse expuestos ante ojos que juzgan, atentos. Los miro y me confirmo que pesa más lo segundo que lo primero, pues incluso si fuesen máscaras, serían éstas representaciones del fuero interno, que éste, ávido por manifestarse, encuentra refugio entre charcos de aceite y callejones oscuros, y estruendosos, relegados a la penumbra que les ofrecen las palpitantes luces amarillas del centro.

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Uno a veces no logra plasmar lo que siente. No del todo. A veces las palabras obligan a la mano a escribirlas de una manera que el cerebro ni el corazón pretenden. Qué importa, de todas formas, nunca se está del todo conforme con lo que se hace. Eso es bueno, me supongo, señal de que se sigue mejorando. O algo.

Buenas noches, a embriagarse con ideas y luces amarillas.

-Fernanda

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Rouge

Rouge es una nueva serie de ilustraciones que estoy haciendo para una posterior exposición que quiero realizar el próximo año. Siempre había querido trabajar ilustración y un texto que se hiciesen compañía, pero no lo había logrado…ejecutar, por así decirlo.
Así que sin más, esta es la prueba, a  ver qué tal me va conmigo como crítica. Espero sea de su agrado.

 

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Numb

Aquí estás de nuevo, vieja compañía.

No me extraña que hayas vuelto, tu vuelo eterno irremediablemente te trae a mis brazos cruzados, ojos cerrados. Ay, maldita la idea de necesitarte, niebla tan densa que me desaparece de este mundo donde los oídos son sordos y las bocas sueltas. 

No creas, me deleito con tu presencia, pues es contigo – y en ti – que logro siempre explotar esto que llevo dentro y que disfruto al volver a verlo o a leerlo.

Pero… cuando te quedas más de la cuenta, me haces daño.

Me hundo en tu ser y olvido que eres sólo una visita pasajera.

No recuerdo lo bueno, ni las alegrías, ni las risas, ni los roces. Y me sumerjo en una nada que me atrapa y fastidia. Porque es como si, de pronto, ya no sintiera. Como si mis labios no pudiesen fruncirse o estirarse. Como si mis ojos ya no pudiesen expresarse.

Y entonces me voy resquebrajando en diminutos pedazos de mi todo hasta esparcirme entre ti, niebla, y dejo de existir, sólo para volver a ser cuando tú te aburres de mí.

 

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Se siente raro, pero está bien. Ahí vamos.
Hay algunas otras cosas que les estaré presentando pronto, fantasmas,  ahora que mi mente está activa en cuanto a letras se refiere.

Fernanda

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Un bonus

Mejor no pensar en el último interrogante, aunque irremediablemente pueda resultar cierto.

Recientemente, fantasmas del pasado me han visitado. Han llegado ligeros y tranquilos, en son de tregua, vengo sólo de paso. Los he recibido sin reparo, cordial, aunque el cariño no se asoma por entre las hendiduras, pues la nostalgia ya no adorna sus pasos. Cuánto había pasado, se me hace increíble el pensar que hubo años de por medio antes de que el contacto se hiciese concreto. Me sorprendo al encontrarme desprendida de sus recuerdos, de no vislumbrar melancolía meditabunda en mi fuero interno. Tal vez sea también porque los fantasmas no llegaron con ánimos de drama e histeria sino de entablar tertulias que otrora desvelaban mi mente. Y sin embargo, me surge un sin sabor en el alma al saber que ni para bien ni para mal estos espíritus logran causarme un cambio. ¿Han perdido ya todo su poderío? ¿O simplemente he sido yo la que ha adquirido más control? Pensar que en tiempos pasados hubo risas y sonrisas, lágrimas y llantos, generados por estos compañeros lejanos. Y entonces, mientras procuro ser cortés con un espíritu que pronto partirá de nuevo, se me crea el interrogante que empieza a interrumpirme los sueños. ¿Será que tu, también, te convertirás en un fantasma cuando llegue el momento?

Ni vale fijarme en redacción, fue algo que salió y que como esté, debe ser.

Fernanda

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