Archivo de la etiqueta: Sentimientos

Disparidad 11

La lluvia ha vuelto con sus motivos y sus inspiraciones. Aquí estoy, de nuevo, haciendo una aparición momentánea antes de devolverme a lo oscuro del silencio creativo. No como si no hubiese estado escribiendo este tiempo, pero sí como no todo lo que escrito debe ser leído. Afortunadamente para mí, y para cualquiera que también lo considere bueno, algunas letras son lo suficientemente impersonales como para que no causen demasiados estragos en mi intimidad. Qué cosa, saber que hay palabras que simplemente no pueden ser compartidas porque aún hay pudor para mantener a mi alma un tanto vestida.

Catarsis para el alma en tiempos de tormentas.

 

♦♦♦

Está el alma más calma cuando la mente acepta que hay cosas contra las que no se puede luchar. Llegan de improviso y se van sin avisar, sin demoras ni despedidas. Eso es lo que incordia al cerebro, el no encontrar lógica en sus procederes. Pero es que las situaciones que el corazón y el alma presencian no son hechos de índole racional. Fueron destinadas a la vasta experimentación que ocurre sin una pensar. El meditarlas viene luego de haberlas vivido. Por lo menos ahora, puedo decir que he aprendido a aceptar que tales cosas son así y que por más que intente que hagan lo contrario, ellas seguirán su curso de acción. Por lo pronto, acepto que deseo vivirlas y regocijarme con lo que venga, sin temor a despedirme cuando se vayan. A aceptar la compañía y agradecerle con un adiós cuando deba partir.

♦♦♦

Cuánto cambia el mundo cuando llueve. Comenzando con la idea de que gotas caen del cielo. De un lugar que no es realmente lugar mas es un espacio, y las gotas caen impasibles sin peligro ni miedo de que alguien las pare; porque es el tiempo el único que podría parar para aniquilarlas, pero él no sé detiene por nada ni nadie. Y entonces se abalanzan contra el suelo. Ellas, divertidas, en un suicidio colectivo, comenzando nuevas vidas y acabando con otras, mientras los disparos de los truenos crean mellas en los corazones atentos y temerosos. Va devorando la lluvia todo a su paso. Desaparecen, las panorámicas se vuelven lienzos en blancos, o en grises o en negros. Desaparecen también las hormigas, corriendo por un lugar ya frío dónde guarecerse, las tormentas destruyendo, fluyendo, sonando. ¿Y no es curioso? Cómo esa música que interpreta el cielo trastorna a los seres humanos. Unos irritados, otros acongojados y, trágicamente, a veces también muertos. La lluvia desplaza, encierra, ¡ataca! Como si la naturaleza reclamara su espacio, vociferando su poderío. Uno auténtico, palpable, que se mete física y psicológicamente en estos, nosotros, monos mal vestidos.  A algunos, la lluvia les grita, aterroriza, les prohíbe la sola expresión de euforia. A otros les inunda de particulares gozos que hacen que los insulsos les llamen locos. Y están aquellos, paradójicos, a  quienes les canta y llora, les susurra y chilla, les ahoga y acuna. Taciturnos rindiéndose ante la idea masoquista de que las gotas asesinas les genera dolor y placer, placer del dolor que despiertan esos golpeteos en las ventanas, esos ecos en la distancia, los cegadores momentos de inspiración cuando la lluvia llega tan de repente que los inunda, desprevenidos, y los sobrecoge tal mezcla de sentimientos que a veces lo único que pueden hacer es quedarse quietos. En ocasiones se unen al llanto de los cielos, y por sus mejillas surcan riachuelos salados que sólo el sueño puede detener. Otras, la catatonia los visita junto con la lluvia, y la catarsis posee sus cuerpos mientras sus ojos, desenfocados y lejanos, observan a la nada distorsionada. Y están esos momentos en los que, benditas almas tristes e inquietas, plasman letras desordenadas sobre folios; sentimientos escondidos, dolores atrapados, temores revelados, palabras inconclusas al ritmo de tambores irreales y baquetas incoloras, desgastándose y escribiendo cual autómatas, apagándose sólo –y otras veces ni haciéndolo– cuando las gotas cesan y los relámpagos se agotan. Relegándose al letargo de una espera. Una nueva visita de musas húmedas, a  veces magníficas, a veces mortíferas. A veces también nulas.

♦♦♦

Ser consciente del dolor es necesario para aprender a controlar los espasmos. Se muere uno en vida, a veces, permitiéndose sentir demasiado dolor por un mero suceso apartado. Y es que la mente se empecina en darle más importancia de la que merece. En encapricharse, huraña, cuando las cosas no van como se esperan. Es gracioso, la patética situación de la cabeza complicada, sabiéndose siempre que lo que acontece no es necesariamente cómo uno quisiera. Es la parte inmadura de esa realidad consciente, la que se niega a aceptar que a veces, simplemente, la vida le lleva la contraria a los deseos efímeros que encuentra irrisorios. Y es que está bien que la mente se comporte como un infante insatisfecho, pues es signo de una lógica vigente, consciente, saludable. Pero quedarse mucho tiempo en esa práctica de penas reduce la capacidad de enfrentarse a la vida. Pierde uno interés de lo real por seguir atizando cenizas de infortunios pasados, en ocasiones ya muy lejanos. Pierde, también, conciencia de lo actual, y se queda uno sumergido en arenas que ni profundas ni movedizas ni físicas. Sólo mentales que, paradójicamente, pueden hundir, ahogar, e incluso desembocar en una muerte real de la cual ningún pensamiento positivo servirá para echar marcha atrás.

♦♦♦

A ver cuánto tiempo me demoro en traerles cuentos viejos con versos nuevos.

-Fernanda

 

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , , , ,

Disparidad 10

Qué tedio, esto del cariño. Qué tedio tener que vivir en una sociedad donde las relaciones son estallidos efímeros. Qué tedio saber que escribí estas disparidades porque tenía un motivo. Ahora ya no está ese motivo -no estás- y no me queda más repertorio romántico para  entregarles. No ahora, no pronto. Qué tedio el romance. Volveré a mis deliciosas psicopatías que revolotean en mi cabeza y tanto me encantan. Me despido de la cursilería y el desamor con estas disparidades. Tal vez  pueda en un futuro volver a ellas, con una mirada menos trágica. Quién sabe.

♦♦♦

♦En   ocasiones vienen a mí esos recuerdos de los momentos en que te observaba, añorándote, y en tu mirada encontraba una profunda tristeza. Pensabas tal vez que nadie se daría cuenta de cómo el dolor se proyectaba en tus ojos, con la cabeza gacha, las caídas comisuras de tus traviesos labios. Aún el sólo recordarlo me trae infinito sufrimiento, porque lo creas o no, ese vacío tuyo llegaba hasta mí y e drenaba de cualquier sentimiento que hubiese tenido surcando mi mente. No te quería ver triste, incluso si tus ojos están predispuestos a expresar una melancolía constante en todo tu ser. Yo creo que es eso lo que no me permite olvidarte, lo que me hace sentir que podría seguir amándote si estuvieras  tan solo un poco más cerca. Esa permanencia taciturna tuya que se escapaba entre las sonrisas y miradas pícaras. Y es ello lo que me aferra porque, por más que he intentado alejarme de ello, también soy así. Una nube de lluvia eterna, quizás unas veces en silencio, quizás unas veces invisible, pero siempre allí impasible,  esperando por los momentos en los cuales desatar esas tormentas de penas y tragedias. Parte de mi amor hacia ti nació de saberte cómplice de un dolor mental que nunca del todo desaparece. Por eso también permaneces en mí, Tu memoria creó mella en mis frágiles escudos y te has convertido en una esencia casi inalterable que me visita cuando la sensibilidad es anfitriona. Me dueles y sé, sin verme, que mis ojos adquieren esa mirada caída, triste y dolorosa que los tuyos tenían cuando otrora te observaba completo.

♦Tal vez ha llegado el momento de dejarte. No dejar de quererte, porque he descubierto  que por más que pasen los meses, sigues latente, a veces eres sólo un susurro, a veces un grito estremecedor. Pero creo que he de dejarte partir, como la idea que eres, como la esperanza que tuvo tu rostro y nombre todas estas noches, tardes y mañanas. La lejanía sólo hizo que se acentuara el dolor más que el cariño, y me digo hoy a mí misma que este sufrimiento no es merecido. Que vales como felicidad, no como pena, y es ya más que absurdo tratar que una planta marchita reciba el agua que por tanto tiempo estuve brindándole torpe e ilusamente. La venda he de quitarla de mis ojos con mis propias manos. Liberarlos de esta bruma que los ha nublado por incontables períodos de nostalgia y melancolía.

♦Mi clima está volviendo. Con lentitud, pasito a pasito las nubes vuelven a tornarse grises y retoman su llanto por los recuerdos de tiempos pasados. Entre ellas, mi humor se aplaca y procedo a esto, mi única manera de apaciguar los demonios que habitan en mí sin intención alguna de liberarme. Climas como estos me hacen querer tenerte cerca. Si no por mucho, al menos lo suficiente como para sentarnos  y confesarme. Tener la oportunidad de decirte te recuerdo, todavía te aprecio. No espero recibir nada a cambio. Ya no espero, pasé mucho tiempo haciéndolo, haciéndome daño con mi silencio y con tu ingenua indiferencia. Yo sólo quisiera hacértelo saber y librarme de esta carga que he sostenido por tanto tiempo y que me sigue reteniendo aunque  intente deshacerme de ella. Necesito cerrarte como el capítulo que eres, incluso sabiendo que recordaré cada una de tus páginas, de esos ínfimos detalles que por tan poco tiempo nos tuvieron cerca, brindándonos esa compañía que parecíamos necesitar en su momento.

 

♦♦♦

Ojalá pudiese despedirte por completo, pero la mente recuerda por algo. Todavía no sé por qué.

Felices lluvias, a mí me tienen encantada.

Etiquetado , , , , , , ,

Disparidad

Una sola que surgió sin ser llamada, pero tal vez a tiempo.

Y entre esta  timidez digo que… bien sé que no fue amor, ¿cómo podría? Pero si las casualidades hubiesen sido diferentes… tal vez, sólo tal vez, lo habría sido.

♦♦♦

♦ A veces empiezo a escribir sin saber con certeza lo que quiero plasmar sobre mis folios. En meses pasados, las palabras fluían rápidas y enamoradizas, encantadas por la idea de tenerte cerca, de llegar a ti y acariciarte entre versos y sílabas. Ahora simplemente  no estás, y el río que antes existía se ha transformado en un lago… plácido tal vez, pero inmóvil, casi muerto, como si ya no pudiesen acceder a él sentimientos de antaño que en su momento lo volvían caudaloso, exuberante; incluso en ocasiones furioso, tempestuoso, inagotable. Dolió tanto, en su momento, observar desde fuera y desde dentro cómo el lago se iba formando, matando poco a poco al río. Dolió tanto, saberte lejos, tanto que por un tiempo fueron mis ojos los que formaron riachuelos que afluían en las noches y madrugadas, desapareciendo en tardes y mañanas. Pero incluso esas corrientes saladas se agotaron después de minutos, horas, días, semanas. ¿Para qué iban a seguir? Ya apenas si tu recuerdo se animaba a quedarse a mi lado. Apenas si aparecías en voces, en recuerdos, en pequeñas partículas de otros rostros extraños. Ya ni la lluvia conmueve al lago, ya ni el estrés lo perturba, ya ni la soledad lo acongoja. Porque, aunque me rehúse a confirmarlo, creo que he decidido dejar de extrañarte. Mi todo te quiso y te añoró ya por tanto tiempo, se agotó y encogió en su tristeza de tal manera, que decidió decirse ya no más. ¿Para qué, en todo caso? No hay manera de que el alma soporte por tanto tiempo la lejanía que no es sólo lejanía sino también silencio. Un silencio que absorbió  hasta la más mínima intención de seguir luchando por algo que incluso en sueños era y es imposible. Pero no por eso he dejado de pensarte. Porque aún te pienso, a menudo te veo recorriendo los pasillos que se han vuelto callejones en mi mente, perdido, sin rumbo, porque no tienes qué más hacer allí que existir. Y perdóname que sea así, que la rudeza tinte levemente estas palabras que creía no podrían surgir, pero es que necesito sean así, necesito mantenerme firme en el propósito de sólo verte, de vez en cuando, preguntándome qué será de ti. Yo ya no quiero extrañarte, porque no lo justifica, no lo vale… añorar algo –alguien– que no va a volver. Y entonces las palabras se me vuelven a agotar, a desaparecer de mi mente, a volver a ser parte de aquel lago de donde tal vez no deberían haber salido.

♦♦♦

Y yo que creía que no estaba hecha para escribir disparidades.

Saliendo de finales, quizá pueda seguir subiendo cosas en un futuro relativamente cercano.

Hasta otra lectura, fantasmas de carne y hueso.

-Fernanda.

Etiquetado , , , , , , , , , ,

Disparidades 6

Dije que me retiraría de las disparidades por un tiempo.
Y así es. Sólo que, casualidades de la vida, encontré unas que aún no había publicado. Y nada, que me vi en la necesidad de hacerlo.

Disfruten, quizá me lleve un buen tiempo volver a publicar algo por estos lares. O tal vez no, quién sabe.
De estas diminutas disparidades, mis preferidas son la segunda y la cuarta. Vaya usted a saber por qué.

♦♦♦

•La psicología inversa es como la noción de rechazar o vetar algo para generar el deseo de romper  la negación. Entre más intento negar la naturaleza de mis sentimientos  por ti, más se me entierran en el corazón y me taladran la mente. Es curioso, porque el motivarme a intentar olvidarte a veces funciona, pero sólo para hacerme recordarte con más ímpetu  tiempo después. Procuro decir que es una tortura… porque a veces lo es… pero en realidad, para mí, es ésta una situación que me deleita. Me gusta pensarte, imaginarte cerca, mientras paseo mis dedos recreando tu ser. Cualquier lugar es perfecto para negarte y así pensarte con más anhelo. Para pensar, también, en la posibilidad de que tú  puedas retribuirme esto que experimento. Esto que tantos nombres tiene y que tan difícil es describirlo. Te imagino pensándome y escribiéndome, escribiéndonos. Sumergiéndonos en un universo de poéticas utopías con visos de realidad.

•Muchos les veían y les atacaba el tedio. En principio por lo absurdo que resultaba observarlos. Eran dos almas encontradas, unidas por intereses y opiniones en común. Compartían tantos pensamientos y tantas miradas colmadas por vívidas emociones, que era casi estúpido el que, permaneciendo tan cerca, no estuviesen juntos. ¿Cómo era posible que no se dieran cuenta de ese vínculo que poseían cuando todos los demás lo notaban en seguida? No era siquiera necesario el observarles por demasiado tiempo para descifrar lo que sus extasiados ojos ofrecían a los espectadores. Tan enfermizo. Ambos con sonrisas que trascendían sus rostros, irrumpiendo en el tiempo-espacio de donde quiera que se encontraran. ¡¿Por qué no se daban cuenta?! Era. Quizás, el temor a no ser correspondidos de la manera que anhelaban. Pero ¡por favor! Que alguien se digne a decirles que espíritus como los de ellos nacieron para encontrarse y unirse; si no para siempre, al menos hasta que les duren las sonrisas en los labios y el amor en las miradas.

•Yo sólo quiero pensar que, al menos de vez en cuando, no puedes sacarme de tu cabeza. Me quedo ahí, reacia a desaparecer, y tú tampoco te esmeras por echarme. Me quedo ahí, perenne, quizá como un leve susurro que se desliza por tu mente. Tal vez me escribes, o me dibujas, o me cantas, o simplemente me hablas. Personalmente, encerrándome por siempre en tu mente. Yo quiero  creer que sí me piensas y que los nervios te consumen cuando estoy cerca. O que intentas que desaparezca de tu cabeza, tanto como yo lo intento, y no puedes; no me puedes echar, porque quiero pensar que estoy instalada, y que aunque me niegues, tus ojos se mueren por verme y tus oídos se deleitan al escucharme, y a tu corazón se le escapa un latido cuando me tiene cerca, muy cerca a ti; deseando ambos… en silencio, que se pudiesen congelar esos instantes de alegría  inmensa, y que se guardaran, tan vivaces como cuando se vivieron, en lo más recóndito de nuestras mentes y corazones.

•Ser humano es para los fuertes de mente y de corazón. Algunos son sólo cáscaras con apariencia de hombre deambulando por las calles de esta ignominiosa sociedad contemporánea. Están vacíos porque van únicamente a la insensatez de la acción, a la absurda necesidad de lo rápido y el ahora. Ya casi nadie se permite el detenerse  –al menos por contados segundos– y sentir, experimentar… vivir y no sólo existir. Ahora todo es una mierda mediática en donde las personas se deleitan con inocuos comentarios y gustos esporádicos de gente que en la vida real no les dedicaría ni un ápice de su atención. Ahora, a los que se permiten ser vulnerables  se les ha tomado por ingenuos, como si experimentar sentimientos reales fuera una  debilidad  y no la esencia de lo que es ser un humano. Cuán detestable es saber que llegó la era de la robótica y la comunicación impersonal, en donde todos se conocen a través de la tecnología y las conexiones a  masas protuberantes, pero pocos han experimentado la calidez de un abrazo sincero ó la unión que permite una conversación profunda y deleitable. Es un asco, en realidad, ver cómo todos pretenden existir y, por temor al qué dirán, se niegan la posibilidad de ser.

Pensaba que tu imagen era eterna. Que el recuerdo de tu rostro alegre se quedaría por siempre en mi mente, como un tatuaje del que nunca podría deshacerme. Pero aquí estoy, dándome cuenta que más que adherido a mi piel eras un mensaje temporal, un fresco que, resquebrajado, ha empezado a perder su detalle. Aunque aún mantiene la esencia de su encanto. De lo que alguna vez le hizo bello y arrebató el aliento de un espectador ajeno. Así persistes en mi mente ahora, una mancha borrosa que me duele porque la estoy perdiendo. Sin embargo, la sensación placentera y cautivante de verte sonreír sigue ahí, silenciosa y latente, renuente a separarse de mí. ¿Qué tal si pierdo completamente la imagen de tu gesto? Y me queda un placer recóndito al que no puedo asociar una reproducción mental de mi cerebro. No será perder. Pero no será ganar, tampoco. Porque lo que queda es el vestigio de una felicidad pasada, sin la representación de la felicidad misma. Y es esta clase de recuerdos alegres y reconfortantes los que duelen más, porque muestran lo que se ha extraviado y no se recuperará jamás.

♦♦♦

Ah, feliz año adelantado.

-Fernanda.

Etiquetado , , , , , , , , ,

Disparidad 4

Sacándolo de la mente y del ‘corazón’. Ahí perdonan la probablemente mala redacción.

♦♦♦

Es una situación sumamente agobiante. Paso la luz sonriendo y sintiendo en mí una energía cálida y jocosa; pero en cuanto llega la melancolía de la noche, no puedo más que permitir que los débiles riachuelos de agua salada recorran mis pómulos. Mi espíritu se siente demacrado, llevado a un nivel de crítica agonía. El más mínimo estímulo me afecta a creces, dándome demasiadas cosas por las cuales recuperarme  en sólo unas horas de pesado sueño maltratado por el malestar.

Tan complicado, el vivir con la premisa constante de la indecisión mental. Desearía poder iluminar mi mente y darle a mi ser una pizca de paz, pero las numerosas y tediosas intervenciones de tu ser hacen a mis intentos fallar una y otra vez como una danza de nunca acabar. No puedo descifrar qué es lo que sucede, qué es esto que nos atrapa; y me desvela como nada más puede en mi estado actual de pasiva inconformidad. ¿No te parece que podrías dejarme respirar? ¿Brindar, tal vez, un poco de estabilidad? No requiero una respuesta que plante una sonrisa en mi rostro. No; sé bien que soy ilusa y creadora de utopías, pero aceptaría sin repercusiones un rechazo que fuese contundente.  Habría riachuelos salados cursando mis mejillas en las noches… quizá también algunas tardes; pero al menos… al menos podría saber en qué lugar reposar, por fin, mi alma.

Si destruyeras la banalidad de mis ilusiones podría avanzar y deshacerme del letargo que me mantiene estúpida e inmóvil, como atascada en arena movediza…

Pero aquí estoy, hundiéndome, esperando saber qué noción será la que me haga tomar un último aliento antes de sepultarme en esta truculenta perdición.

———–

A ver si consigo un poco de paz mental y logro concentrarme en mis tediosos trabajos de universidad.

Etiquetado , , , , , ,
Anuncios