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Disparidad 14

Noches, fantasmas.
Llevaba un buen tiempo sin publicar, y otro tanto sin montar disparidades. Les dejo dos pensamientos que se explayaron en las hojas de mi cuaderno y que alcanzaron la meta de ser transcritos y publicados. Ñoñerías, como siempre, que amo leer de vez en cuando.

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Está volviendo, como siempre. Es un ciclo, lo he descubierto, y por más que lo intento, no hay manera de evitarlo. Todo regresa, el dolor, una somera angustia que se aloja en el centro de mi pecho y me va desmoronando indiferencia tras indiferencia. Incluso después de vibras maravillosas; de risas, de satisfacción, esta pena vuelve y yo la recibo afanada con la esperanza de que, si la expreso rápido, tal vez se vaya pronto. Pero qué ilusa puedo ser, si soy consciente del retorcijón en el pecho que siempre permanece, a veces simplemente dormitando,  a veces rugiendo,  atemorizándome. Me harta en ocasiones. Yo quiero dejarme sentir, es lo adecuado para procurar mantener un equilibrio, una sanidad, una somera cordura. Pero maldita sea si me jode tener que atravesarlo cada tiempo en tiempo. Me jode querer llorar a moco tendido y creerme desolada, abandonada. Me jode porque sé que así no son las cosas, pero el inconsciente se empeña en desestabilizarme, en convertirme en una mártir. Me jode llorar por irrealidades. Me jode ponerme triste así, de esta manera. Me jode mucho llorar por vos. Estoy cansada, hastiada, enferma  de llorar por vos. Y sin embargo no me niego la experiencia, porque sé que me limpia, aunque no quiera, como cuando se rehúsa uno a hacer algo para después darse cuenta que era lo mejor en el momento. Entonces acepto este ciclo, pero me perturba, me enoja, me desespera, ¡me enloquece!  Y me hace crear y luego me hace amar. Tal vez, también, amarte más.

Y luego vuelve a comenzar. Es una cosa de nunca acabar.

 

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Es curioso que las almas más alegres sean también las más tristes. Que el equilibrio de la naturaleza continúe perpetuándose incluso en la psique. Que uno no pueda ser del todo feliz  porque la melancolía está siempre presente, aunque uno no la invite. Vaya juego de balanzas, vaya capacidad emocional. Uno  poder reír a carcajadas un día y al próximo sentir la pesadez de una bruma pesimista inundando los pulmones, y ser consciente de que sucede. De que el odio de ayer, hoy es no más que un susurro casi mudo para unos oídos casi sordos. Ser consciente  de un millar de cosas que van pasando, que se asimilan, se equilibran y se pierden entre un mar de recuerdos. Jode tanto ser consciente. Por eso las personas parecen preferir quedarse en la ignorancia, el refugio que convida lo conocido. La felicidad. Tontos, como si verdaderamente pudiesen apreciarlo sin conocer algo más con qué compararlo. Estoy exhausta. A veces quisiera hacer como ellos  y olvidar que soy consciente. Olvidar y entregarme a una falacia que me mantenga con una sonrisa pintada y unos ojos brillando. Pero no puedo, joder que no puedo. No logro concebir la idea de interrumpir mi flujo de pensamientos para proponerme una alegría que no pasa de una onírica realidad. No puedo evitar pensar, al fin y al cabo. Brotan los pensamientos y se me desbordan y me opacan y me ahogan. Pero luego se van, se van, parten y me dejan respirar, y puedo experimentar, por momentos, lo que llamamos felicidad. Lo prefiero así. Prefiero retorcerme, destruirme, obligarme a la no existencia momentánea y resurgir, teniendo la oportunidad de saborear ínfimos instantes de alegría que, sin la tristeza, probablemente no serían tan caramelizados. Prefiero ser consciente a que me sea vendida una realidad utópica de la que luego me pueda ver arrebatada y no sepa ya cómo sobrellevar un fatídico despertar.

 

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Desahogos, desahogos. De paso, feliz año, buenas vibras para todos.

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Rouge III

Tercera entrega de Rouge. Curioso, tengo un desazón surcando mi pecho.

Thoughts

A veces es demasiado. Todo llega sin avisar y se abruma uno completo, sin más qué hacer que cerrar los ojos y esperar que todo pase. Pero nublar la vista y pretender que todo desaparezca no es más que una actitud ilusa que no sirve en absoluto. Porque en la mayoría de los casos, lo que sucede es inherente al ser, no a su entorno. Y se deja ahogar uno con los ojos fruncidos, por no luchar contra algo que habita dentro de sí mismo.

 

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Felices fiestas.

-Fernanda

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Rouge II

Un poquito de ambas pasiones para un domingo que amenaza con lluvia invisible.

 

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Bubbles

No me malentiendan. Nada disfruto tanto como mis momentos de soledad. Aislada voluntariamente en una burbuja de irrealidad, donde nada que no quiera puede alcanzarme. Protegida de cualquier daño o pena que me quiera acongojar. Pero ah, se aburre una en estos muros dóciles de conformidad. Se está cómoda, pero… ¿Se está feliz? Ataca el tedio a veces, y comienza a esperar uno que algo –o alguien– llegue y ayude a expandir las barreras flexibles que delimitan. Sabiendo que es uno quien debe dar el primer paso para ampliar esos horizontes donde el alma se siente tranquila, no sólo conforme.

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Domingos que no parecen domingos porque se está en vacaciones. El doble de tedio.
Disfruten, fantasmas.

-Fernanda

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Rouge

Rouge es una nueva serie de ilustraciones que estoy haciendo para una posterior exposición que quiero realizar el próximo año. Siempre había querido trabajar ilustración y un texto que se hiciesen compañía, pero no lo había logrado…ejecutar, por así decirlo.
Así que sin más, esta es la prueba, a  ver qué tal me va conmigo como crítica. Espero sea de su agrado.

 

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Numb

Aquí estás de nuevo, vieja compañía.

No me extraña que hayas vuelto, tu vuelo eterno irremediablemente te trae a mis brazos cruzados, ojos cerrados. Ay, maldita la idea de necesitarte, niebla tan densa que me desaparece de este mundo donde los oídos son sordos y las bocas sueltas. 

No creas, me deleito con tu presencia, pues es contigo – y en ti – que logro siempre explotar esto que llevo dentro y que disfruto al volver a verlo o a leerlo.

Pero… cuando te quedas más de la cuenta, me haces daño.

Me hundo en tu ser y olvido que eres sólo una visita pasajera.

No recuerdo lo bueno, ni las alegrías, ni las risas, ni los roces. Y me sumerjo en una nada que me atrapa y fastidia. Porque es como si, de pronto, ya no sintiera. Como si mis labios no pudiesen fruncirse o estirarse. Como si mis ojos ya no pudiesen expresarse.

Y entonces me voy resquebrajando en diminutos pedazos de mi todo hasta esparcirme entre ti, niebla, y dejo de existir, sólo para volver a ser cuando tú te aburres de mí.

 

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Se siente raro, pero está bien. Ahí vamos.
Hay algunas otras cosas que les estaré presentando pronto, fantasmas,  ahora que mi mente está activa en cuanto a letras se refiere.

Fernanda

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Disparidad 12

Disparidades versión º12 para el día doce. Días en los que mi mente, al parecer, quiere permanecer entre letras y no imágenes, lo cual disfruto mucho. Me duele cuando intento escribir y no puedo, y son estas palabras que generan en mí gran comodidad y satisfacción. Se vuelve una más creativa cuando tiene finales encima. Qué vaina la procrastinación.

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El amor, me he dado cuenta, no es algo que todos pueden experimentar. Después de todo algunos se empecinan en la vaga, superficial idea del deseo, confundiéndolo ingenuamente con lo que verdaderamente resulta siendo el amor. Y es que, ay, seres carnales, tan ávidos de poseer y ser poseídos, nos desorientamos cuando se nos expone la noción de que uno no necesita tener para poder apreciar, querer. Nos hemos acostumbrado –¿nos han? – a la idea de que es lo material lo único que obtiene y genera valor. Que sin adquirir lo físico no puede uno trascender. Pero es una idea falsa, absurdamente falsa, vendida por las sociedades que precisan de lo superficial para subsistir. Quiero tener esto. Quiero tener aquello. Quiero tener. No quiero amar, sólo obtener. Poseer y luego olvidar. Y luego doler, sufrir cuando se pierde lo que se ha tenido. Vaya sosedad, depender uno de un amor tan inocuo como el que se posee por una expresión física, cuando el amor es más que todo una experiencia sentimental. La gente, ay, si nos demoramos en darnos cuenta que lo primero no es el poseer sino el apreciar, el adorar sin precisamente tener. Uno no tiene en sus manos ese amanecer que se observa y que, sin previo aviso, te inunda completo. Uno no toca los sonidos que se convierten en sobrecogedoras melodías, si bien ellas pueden erizarte con un solo intento. Es curiosamente absurda pues, la idea de que uno como humano necesita tener a la otra persona para sentirse satisfecho, cuando el mero hecho de ser consciente de su existencia, de su esencia, debería ser suficiente para saberse uno contento. Los cuerpos son sólo expresiones de masa que ocupan un espacio tan inverosímil como cierto. Y es real que la atracción física ocurre primero. Pero la que permanece es esa apreciación que trasciende lo táctil, lo externo. Esa que te hace amar la sola esencia de otro en un mundo de muchos. Y alcanzar esa conciencia de tal experiencia es, como mínimo, un gran paso para la aceptación de lo que es, de lo que uno es como individuo, de lo que puede llegar a ser  cuando se desprende de ideales arcaicos, aunque sea por un tiempo, permitiendo que sea el alma quien hable, no el cuerpo.

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Me amo al escribir. Me deleito con mi letra, con ver someramente garabatos que se desglosan sobre líneas organizadas. Me amo porque permito que mi alma descanse entre páginas, que mis sufrimientos se aplaquen, que mis dolores se duerman. Me amo al escribir porque me encuentro, me sorprendo, me comprendo y me acepto. Y cuando me amo al escribir y me acepto, logro amarme, pues esta expresión del alma no puede pasar desapercibida por mi corazón atento.

Cuán -más- feliz sería si pudiese prometerme que escribiré más a menudo. Lástima que estás olas de inspiración vienen cuando les da la gana y muy pocas veces cuando pretendo llamarlas.

Hasta otra ocasión.

-Fernanda

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